El podcast de Celia · Caso 3

Tener relaciones sin ganas para que no se enfade: la coerción sexual en la pareja

Si dices que sí porque no puedes decir que no, eso no es consentir. Es sobrevivir. Y tiene un nombre.

Si esto te está pasando ahora mismo

Presionar, chantajear o insistir hasta conseguir sexo es violencia sexual, aunque no haya fuerza física y aunque sea tu pareja de hace quince años. En España tienes el teléfono

016

Es gratuito, atiende las 24 horas en varios idiomas y no deja rastro en la factura. También responden por WhatsApp en el 600 000 016. No hace falta que tengas nada decidido, ni que quieras denunciar, para llamar y preguntar.

«A veces cedo y tengo relaciones sin ganas solo para que él no se enfade, o para no estar aguantando malas caras todo el fin de semana. Me dice cosas como "si me quisieras te apetecería", o que llevamos mucho tiempo así. Al final lo hago por compromiso, pero cada vez me siento más desconectada de él y de mi propio cuerpo.»

Caso ficticio, construido a partir de los motivos de consulta más frecuentes en terapia de pareja. No corresponde a ninguna persona concreta.

Un sí que no se puede negar no es un sí

Esto es lo primero y lo más importante: el consentimiento necesita libertad. Libertad para decir que sí y libertad para decir que no, sin que decir que no traiga consecuencias.

Cuando alguien accede porque la alternativa es un fin de semana de malas caras, tres días de silencio o la amenaza de una infidelidad, no está consintiendo. Está calculando qué sale más barato. Y la mente es tan buena adaptándose que termina presentándolo como una decisión propia: «total, son veinte minutos y nos ahorramos la discusión».

Un sí conseguido así parece un sí por fuera. Pero el cuerpo lo archiva como lo que fue.

Qué es la coerción sexual

La coerción sexual es conseguir actividad sexual mediante presión, manipulación, insistencia o amenaza, sin usar la fuerza física.

Y justo por eso es tan difícil de identificar. Cuando pensamos en una agresión sexual imaginamos fuerza, inmovilización, violencia evidente. Así que mucha gente concluye: «a mí eso no me ha pasado nunca». Hasta que lee una lista como la de abajo y se reconoce en tres puntos.

Nueve formas de coerción sexual

1

La insistencia por agotamiento

Preguntar quince veces sabiendo perfectamente que has dicho que no. Toques, roces, comentarios, insinuaciones, hasta que cedes solo para que pare.

Que hayas dicho sí a la decimoquinta no convierte en consentido lo que no lo era a la primera.

2

Hacerte sentir culpable por negarte

«Me dejas así». «Soy un hombre y tengo necesidades». «Es que me vas a hacer explotar».

Convierte una necesidad propia en una responsabilidad tuya. Tu no pasa a ser el problema que hay que resolver.

3

«Con todo lo que yo hago por ti»

Pasar factura: lo que aporta, lo que paga, lo que aguanta. Y de ahí, que lo mínimo que puedes hacer es esto.

Transforma tu negativa en una agresión contra él, para que te sientas en deuda. El sexo no se cobra.

4

La amenaza, dicha o insinuada

«Alguien me lo dará». «No sé cuánto voy a aguantar así». «Al final va a pasar algo».

Y aquí una cosa que conviene tener muy clara: si alguien es infiel es porque lo ha decidido. Da igual cuánto sexo haya habido. La infidelidad habla de los valores de quien la comete, no de lo que tú diste o no diste.

5

El castigo posterior

Dices que no y no hay discusión. Lo que hay son tres días de frialdad, monosílabos, portazos y una casa en tensión.

No hace falta que nadie te amenace si ya has aprendido lo que cuesta negarse. La próxima vez cedes antes.

6

El derecho adquirido

«Somos pareja». «Estamos casados». «Es lo normal en una relación».

La idea de que existe una cuota sexual que se debe por estar juntos. Durante siglos esto tuvo nombre —el débito conyugal— y hoy no tiene ningún amparo: el sexo no es una deuda que se paga.

7

La comparación y el desgaste de tu autoestima

«Mi ex sí lo hacía». «Todas lo hacen menos tú». «Eres una estrecha». «Qué frígida eres».

Busca instalarte la idea de que la rara eres tú, para que la próxima vez ni se te ocurra negarte.

8

Empezar algo que ya habías dicho que no querías

Hacerlo igualmente, dando por hecho que como ya estás ahí no vas a parar. Y en la misma categoría: quitarse el preservativo a mitad, o después de haber acordado usarlo.

Esto último tiene nombre propio y es un delito en varios países. Retirar el consentimiento a mitad es legítimo, siempre.

9

Usar el alcohol u otras sustancias

Insistir en que bebas más. Buscarte cuando ya no estás en condiciones, o cuando estás dormida.

Una persona muy borracha o dormida no puede consentir. Y eso no cambia porque lleve quince años siendo tu pareja.

Qué sabemos por la investigación

Ceder «por mantener la paz» deteriora justo lo que se quería proteger

Impett, Peplau y Gable diferenciaron dos tipos de motivos para tener sexo: los de aproximación (placer, conexión, intimidad) y los de evitación (que no se enfade, evitar el conflicto, que no me deje). Siguieron a parejas durante catorce días con un diario diario y volvieron a preguntarles un mes después.

Los días en que el sexo ocurría por motivos de evitación, las dos personas reportaban peor estado de ánimo, más conflicto y menos satisfacción con la relación. Un mes después, quienes habían tenido sexo por evitación seguían menos satisfechos, y resultaron 2,6 veces más propensos a haber roto.

Dos matices honestos, porque conviene no estirar los datos: es un estudio correlacional con parejas jóvenes de noviazgo, así que no demuestra causalidad. Y no midió el deseo ni la satisfacción sexual: midió el estado de ánimo, el conflicto y la calidad de la relación.

Impett, Peplau y Gable (2005), Personal Relationships, 12, 465–482.

Lo que sí deja claro es algo que en consulta se ve constantemente: ceder para evitar el enfado no protege la relación. La desgasta. Y la desgasta para los dos, no solo para quien cede.

Y una pregunta para quien presiona. ¿Qué placer hay en mantener relaciones sabiendo que la otra persona no lo está disfrutando, que no le apetece, que está ahí para que tú no te enfades? Si hay que insistir, chantajear o esperar a que se rinda, eso que se consigue no es sexo compartido.

Lo que esto deja en el cuerpo

Esta es la parte que más me preocupa, porque el precio se paga tarde y se paga con el cuerpo. Sostener durante años un sexo no deseado puede dejar desconexión corporal, pérdida de deseo, dificultad para volver a disfrutar, dolor en la penetración, contracciones involuntarias de la musculatura —lo que se conoce como vaginismo— y, en los casos más sostenidos, sintomatología de estrés postraumático.

No le pasa a todo el mundo ni con la misma intensidad, y tiene tratamiento. Pero es la razón por la que esto no es «un mal rato» que se pasa. Si ya estás notando parte de esto, lo cuento más despacio en no disfruto del sexo.

Y si quien se niega eres tú: el sexo tampoco es un castigo

Lo digo porque también existe y también hace daño. Si estás usando el sexo como premio, como castigo o como moneda de cambio —negarlo para hacer daño, concederlo para conseguir algo—, deja de ser un espacio de placer y se convierte en una herramienta de control.

Si ya no deseas a tu pareja y sientes que no es algo que quieras trabajar ni construir, la salida no es administrar el sexo. Es hablarlo o dejar la relación.

El sexocentrismo, y por qué una relación sin comunicación sí parece aceptable

Cada vez que hablo de esto me llegan comentarios —en su gran mayoría de hombres— sobre lo injusto que es que su pareja los rechace. Y ahí aparece la justificación: si tú me rechazas, ¿qué quieres que haga?

Me llama la atención que «una relación sin sexo no va a ningún lado» se acepte como una verdad evidente, y «una relación sin comunicación no va a ningún lado» no. Como si el sexo fuera el único termómetro de cómo está una relación.

El sexo es importante. Lo que no es es exigible. Si quieres desear y ser deseado, eso se construye: buscando también el placer de la otra persona, repartiendo la carga de la casa, cuidando la comunicación, haciendo de la relación un espacio seguro. Y si hay una diferencia de deseo entre vosotros, se habla, se trabaja, se va a terapia o se deja la relación. Pero no se manipula.

La línea desdibujada, y de dónde viene

Me preocupa en exceso la dificultad que tienen muchas personas para leer un no: que la falta de entusiasmo dice mucho, que la comunicación no verbal dice mucho, que no estar disfrutando dice mucho. Y que si no se ha dicho «no» diez veces, se dé por consentido.

El guion con el que mucha gente ha aprendido qué es el sexo

En un análisis de 304 escenas de las películas pornográficas más vendidas, el 88% contenía algún acto de agresión física (azotes, tirones de pelo, obstrucción de la respiración) y el 49% agresión verbal. Las personas agredidas eran, en su inmensa mayoría, mujeres, y en el 95% de los casos respondían con placer o de forma neutra.

Son datos de 2010 y de cine en formato DVD, no del porno online de hoy, así que no sirven para afirmar nada sobre el consumo actual. Pero sí describen un guion muy extendido: uno en el que el malestar de ella se erotiza y la línea entre consentir y no consentir queda borrosa.

Bridges, Wosnitzer, Scharrer, Sun y Liberman (2010), Violence Against Women, 16(10), 1065–1085.

Y de ahí salen frases como «si me quisieras te apetecería», que convierten el deseo en una prueba de amor. Como si querer a alguien activara el deseo por arte de magia, al margen del estrés, del cansancio, del contexto, o de que lleváis tres semanas sin hablaros de verdad.

Consentir cuando la alternativa es que se dude de tu amor no es consentir libremente.

A los hombres también les pasa

Dos cosas que conviene decir y que casi nunca se dicen.

La primera: a muchos hombres se les ha enseñado que su única vía de regulación emocional es el sexo. Por eso lo «necesitan» tanto: porque no han aprendido otra forma de gestionar lo que sienten. Eso explica el mecanismo, pero no lo justifica. Si necesitas sexo para regularte, lo que necesitas es aprender a regularte de otra manera, y eso se trabaja en terapia individual.

La segunda: también se ha extendido la idea de que todos los hombres tienen un deseo altísimo, y hay muchísimos hombres que no. A ellos también se les coacciona, se les chantajea, se les hace sentir culpables o «menos hombres» por no querer tanto sexo. Y en esos casos también son víctimas. Todo lo que hay en esta página les vale igual.

Cómo se trabaja esto en terapia

El punto de partida es un límite muy claro: el sexo solo ocurre desde el sí, y el sí tiene que ser entusiasta. Un sí que se acompaña de un cuerpo que busca, que participa, al que le apetece. Y eso se nota perfectamente. No hace falta ningún contrato ni ninguna grabación: hace falta prestar atención.

A partir de ahí se trabaja la responsabilidad afectiva de quien presiona —empatía, respeto, límites— y la recuperación de la agencia de quien ha estado cediendo: volver a notar lo que quieres, poder decirlo, y sostener un no sin sentirte culpable.

Y algo que casi nunca se ve de entrada: cuando una pareja llega a terapia por un problema sexual, el origen pocas veces es sexual. Está en el vínculo. En que dejó de ser un espacio seguro, en que se perdió la confianza, en que se descuidó la intimidad —que no es solo sexual: es física, de cariño, de acercamiento, y también emocional, de que cuando cuento algo se me escuche y no se me ataque—. Así se construye un buen sexo.

Un aviso importante antes de hacer nada de esto. Plantear un límite o confrontar la situación puede no ser seguro si en tu relación hay amenazas, miedo a la reacción o antecedentes de violencia. Si es tu caso, no lo hagas sola: el 016 orienta precisamente sobre cómo y cuándo, y es gratuito y confidencial. Primero la seguridad, después la conversación.

Si tienes que presionar a tu pareja para mantener relaciones, déjala. Así, por lo menos, no le causarás un trauma.

Si llevas tiempo arrastrando esto

Esto no se resuelve con un episodio de podcast. En la plataforma hay psicólogas colaboradoras especializadas en vínculos, sexualidad y violencia en la pareja. Si quieres, empezamos por una valoración y te oriento hacia la que mejor encaje con tu caso.

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Y si lo necesitas antes

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Fuentes citadas

  • Impett, E. A., Peplau, L. A. y Gable, S. L. (2005). Approach and avoidance sexual motives: Implications for personal and interpersonal well-being. Personal Relationships, 12, 465–482.
  • Bridges, A. J., Wosnitzer, R., Scharrer, E., Sun, C. y Liberman, R. (2010). Aggression and sexual behavior in best-selling pornography videos: A content analysis update. Violence Against Women, 16(10), 1065–1085.

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Celia Betrián, psicóloga y sexóloga, colegiada A-03213. Terapeuta de pareja y fundadora de Psicología y Celia, plataforma de terapia psicológica online especializada en vínculos y sexualidad.
En El podcast de Celia recreo los casos más frecuentes que llegan a terapia de pareja. Está en todas las plataformas y en YouTube.

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