Por qué siempre elijo parejas inmaduras
Organizas las citas, las finanzas y hasta sus revisiones médicas. Y te preguntas si los atraes. La respuesta incómoda es que no es un imán: es una elección que todavía no has dejado de hacer.
«Hola, Celia. Tengo 32 años y siento que soy la madre de todos mis novios. Me toca organizar las citas, las finanzas y hasta recordarles sus citas médicas. Me cansa tener que tirar siempre del carro mientras ellos solo se dejan llevar. ¿Por qué no encuentro a alguien a mi nivel?»
Caso ficticio, construido a partir de los motivos de consulta más frecuentes en terapia de pareja. No corresponde a ninguna persona concreta.
Si haces siempre de madre, solo atraerás a hijos.
Aviso antes de empezar: esto requiere un poco de autocrítica. Voy a decir cosas que quizá no te terminen de gustar, pero son necesarias para desengranar qué hay detrás de elegir siempre a este tipo de personas.
Porque hay gente inmadura en todas partes, eso no es noticia. Todos nos la hemos encontrado. La pregunta interesante es otra: por qué algunas personas se emparejan con ellas y otras, desde el primer momento, las ven venir y se van.
El control como escondite
A veces eliges a personas inmaduras porque así tienes el control y no tienes que mirar tus propias vulnerabilidades. El control funciona aquí como un mecanismo de defensa: si estoy pendiente de alguien que claramente necesita supervisión constante, me hago cargo de sus cosas y dejo de mirar las mías.
Y de ahí sale la pregunta que de verdad importa: ¿de qué te está protegiendo ese control?
Quizá has aprendido a mirar las necesidades de los demás porque nunca te permitieron mirar las tuyas y no sabes cómo hacerlo. Porque mirar lo tuyo implicaría gestionar tus emociones, y eso tampoco te lo enseñaron. Y conectar con tus emociones implicaría priorizarte y poner límites.
Pero has aprendido que si pones límites la gente deja de quererte, se aleja, te abandona. Y eso es lo último que quieres, porque ¿quién eres tú si nadie te necesita?
Un problema de identidad
Ahí está el fondo del asunto. Quizá solo te sientes necesaria, útil y valiosa cuando estás al cargo de otra persona.
Y ese patrón se va cronificando, hasta que llega un momento en que soltarlo significa reconstruir tu identidad. Que es de las cosas más difíciles que existen.
Cojeas, y ese rol de salvadora es tu muleta. Por eso duele tanto: si te quitamos la muleta, caes.
El trabajo en terapia iría por ahí: analizar cómo se ha construido tu identidad e ir levantando una que te permita ser tú sin encargarte de nadie para sentirte útil. Aprender a construir relaciones entre iguales. Y, lo más doloroso de tu caso, aprender a tolerar el vacío que deja no ser necesaria para todo.
Por qué se mantiene: la trampa del alivio
Lo que nombra la investigación
Allison Daminger describió en 2019 la dimensión cognitiva del trabajo doméstico: todo ese anticipar, identificar, decidir y supervisar que no se ve pero ocupa. Es lo que solemos llamar carga mental, y está desigualmente repartida.
Daminger, A. (2019). The Cognitive Dimension of Household Labor. American Sociological Review.
Y el patrón se sostiene porque tiene recompensa. Cada vez que te adelantas —le organizas algo, te encargas de las finanzas, le recuerdas la cita médica— obtienes un alivio inmediato. Porque se hace, se hace bien y se hace a tu manera.
Pero pagas un precio alto, porque sigues perpetuando el rol. En psicología esto es refuerzo negativo: quitas la ansiedad, y al quitarla refuerzas justo la conducta que la genera.
El ejercicio incómodo
Elige una sola cosa y suéltala entera
Una. Y la responsabilidad completa: no le recuerdas esa cita médica. Dejas que lo haga, y si sale mal, que aprenda y asuma las consecuencias.
Ojo con el objetivo, porque es el revés de lo que parece: no se trata de que tu pareja aprenda a hacerlo bien. Se trata de que tú aprendas a sostener la ansiedad de no controlar.
Porque cuanto más espacio ocupas tú de algo que le pertenece a tu pareja, menos va a aprender.
Es como la sobreprotección en la infancia: cuanto más protege un padre o una madre, más miedoso y ansioso se vuelve el hijo de adulto, porque no ha aprendido a equivocarse ni a decidir solo. Le han evitado un sufrimiento que era necesario, y no le han enseñado a tolerar la incertidumbre ni el fracaso.
Eso es exactamente lo que estás haciendo. Y para una persona inmadura le vienes genial: ¿para qué voy a llamar al médico, si ya sé que ella se va a anticipar?
No le estás haciendo ningún favor ni a tu pareja ni a ti. Mereces a alguien que te quiera sin que tengas que ayudarle en absolutamente todo.
Lo que le hace al deseo
Y hay una consecuencia de la que se habla poco: no hay nada que apague más el deseo sexual que ver a tu pareja como un inútil al que tienes que cuidar.
Si todavía no eres madre, no tienes por qué serlo. Y si lo eres, porque has elegido tener hijos, quizá tengas dos. Pero con tu pareja se suman tres.
Sobre eso hay más en por qué no tengo ganas ni deseo sexual con mi pareja.
¿Cómo está realmente tu relación?
Si llevas tiempo tirando del carro y no sabes cuánto se ha desequilibrado, este test de relación de pareja mira comunicación, deseo, soledad y conflicto, y te devuelve a qué temperatura está.
Hacer el testNo es un imán. Es una elección
Y aquí llega la parte que suele doler:
- No es que atraigas a personas inmaduras: es que todavía no has sido capaz de dejar de elegirlas.
- No es que las atraigas: es que toleras dinámicas que una persona emocionalmente madura no necesitaría tolerar.
- No es que las atraigas: es que todavía no sabes reconocerlas y dejarlas ir.
Y ahí está tu trabajo. ¿Qué es lo que te ata a elegir y mantener en tu vida a personas emocionalmente inmaduras?
Ojo, que no siempre se elige de forma consciente. Desde la teoría del apego, en la edad adulta repetimos ciertos patrones porque nos resultan familiares, porque los reconocemos, porque hemos aprendido a tolerar ese tipo de dinámicas. Si esto te ha pasado más de una vez, hay más en repetir patrones en las relaciones.
Reaprender qué es el amor
Quizá para ti amar significa dar, ayudar, que te necesiten. Ser alguien solo si cuidas.
Entonces se entiende que la única forma que tienes de vincularte sea eligiendo a quien te necesita. Porque si aparece en tu vida alguien que no necesita nada de ti, probablemente no lo elegirías.
¿Cuál sería tu papel ahí? Si no te necesitan porque ya son personas adultas y funcionales, ¿quién eres tú?
Quizá esa es la pregunta. Y quizá no eliges a personas emocionalmente maduras porque no sabes amar si no te necesitan, si no hay nada que salvar ni nadie a quien cuidar.
Ahí está el meollo, y ahí está lo que merece la pena trabajar.
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Celia Betrián, psicóloga y sexóloga, colegiada A-03213. Terapeuta de pareja y fundadora de Psicología y Celia, plataforma de terapia psicológica online especializada en vínculos y sexualidad.
En El podcast de Celia cuento los casos más frecuentes que llegan a terapia de pareja. Está en todas las plataformas y en YouTube.


