Deseo y pareja

Sexo después de los hijos: por qué desaparece el deseo

Nadie os avisó de que el sexo iba a ser lo primero en irse y lo último en volver. Y de que, mientras tanto, ibais a sentiros culpables los dos por motivos distintos.

Después de tener hijos el deseo baja por tres cosas a la vez: el cuerpo está agotado y, en quien ha parido o amamanta, además deja de sentirse propio; la identidad de madre o padre se come a la de amante; y la pareja ha dejado de tener los momentos de calma, novedad y misterio que el deseo necesita para aparecer. No es falta de amor ni un problema sexual. Es que han cambiado las condiciones.

En consulta esto llega casi siempre tarde. La pareja aguanta meses, a veces años, pensando que es una fase, hasta que un día alguien dice la frase que más se repite en una primera sesión: «no sabemos qué ha pasado, pero estamos mal».

Y lo que ha pasado casi nunca es el sexo. El sexo es donde se nota.

No os está pasando solo a vosotros

Conviene empezar por aquí, porque la mayoría de las parejas que llegan a consulta creen que lo suyo es excepcional.

En el estudio de referencia sobre el tema, hecho con 484 mujeres primerizas en Reino Unido, el 53% refería pérdida de deseo sexual en los tres primeros meses. Una revisión más reciente sitúa las dificultades sexuales entre el 41% y el 83% a los dos o tres meses, y todavía en el 64% a los seis meses.

Sobre el primer año, los estudios no se ponen de acuerdo: algunos encuentran recuperación de los niveles previos al embarazo a los doce meses, y una cohorte australiana de más de mil quinientas mujeres encontró que el 70% seguía refiriendo menos interés sexual que antes.

Y esa horquilla tan ancha dice bastante. Que un estudio hable del 41% y otro del 83% no significa que uno esté mal: significa que cada uno define «dificultad sexual» de una manera. No hay un listón objetivo, y eso también es información útil: el único listón que importa de verdad es si a vosotros os está generando malestar.

Lo que nadie cuenta: con un bebé llega un duelo

De esto se habla muy poco, y es lo que más cuesta comprender a las parejas que llegan a consulta: cuando nace un hijo hay un duelo, y además son dos.

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Has dejado de ser tú

Pasas a ser madre o padre, y eso ocupa sitio. No es una capa que se añade encima de quien eras: desplaza cosas. La persona que eras antes no desaparece, pero deja de estar en primer plano, y eso se despide.

2

Ya no sois la misma pareja

La relación que teníais se acabó. No porque haya ido mal, sino porque la estructura cambió entera. Y hay que construir otra.

Una misma pareja va a tener varias relaciones a lo largo de su vida. Esta es una de ellas.

Por eso aparecen sentimientos encontrados que desconciertan mucho: «¿cómo puede ser que acabe de ser madre y conecte con la tristeza?». Porque hay un duelo, y es compatible con la alegría. A nivel racional tenemos una imposición de cómo deberíamos sentirnos, pero el cuerpo tiene otro lenguaje y va a otro ritmo.

Lo primero, entonces, es paciencia. El cuerpo tiene que adaptarse, y si vamos con expectativas o con «deberías», lo complicamos todo mucho más.

El cuerpo deja de sentirse propio

Esta es la parte que más aparece en consulta y de la que menos se habla fuera.

Para muchas mujeres, sobre todo las que dan lactancia, el cuerpo se vuelve un instrumento. Está al servicio de otra persona durante todo el día, y eso cambia la relación que una tiene con él.

Mi cuerpo ya no es algo que yo deseo, o con lo que yo conecto con mi pareja. Es algo a través del cual estoy dando alimento.

Y de ahí viene una pregunta que casi nunca se formula en voz alta: ¿una madre se permite disfrutar de su cuerpo? Porque la identidad de madre y la de alguien que desea no siempre conviven con facilidad, y cuando chocan suele ganar la primera.

Si además ya había una relación difícil con el propio cuerpo antes del embarazo, es muy esperable que cueste sentirse cómoda, desnudarse delante de la pareja y volver a las relaciones sexuales. No es un capricho ni una excusa: es coherente.

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¿Es solo el sexo, o es la relación entera?

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Casi nunca es un problema de sexo

Cuando una pareja llega diciendo que lleva meses sin intimidad, lo primero que se mira no es el sexo. Es el vínculo.

Es muy raro que el problema sea las relaciones sexuales en sí. Normalmente es un problema de intimidad emocional, porque si uno no siente seguridad en la relación, no va a sentir deseo. El deseo necesita cercanía, tranquilidad, calma, novedad y misterio. Y se apaga cuando no tiene nada de eso.

Con un bebé en casa desaparecen casi todas a la vez: no hay calma, no hay novedad, no hay misterio, y la cercanía se convierte en logística. Hay más sobre ese mecanismo en por qué no tengo ganas ni deseo sexual con mi pareja.

Cuando eso se enquista y uno empieza a sentir presión y el otro rechazo, aparece lo que en psicología llamamos discrepancia sexual. Y eso sí conviene mirarlo, porque se cronifica.

Me duele que nos preocupemos mucho más por llevar dos meses sin mantener relaciones que por llevar dos meses sin hablarnos.

¿Cuánto tiempo es demasiado tiempo?

No hay un número. Depende de cada pareja, de cada relación y de cada etapa.

Si no hay malestar, si no hay rechazo, si no hay angustia, no pasa nada. Hay parejas que mantienen intimidad sexual tres veces al año y les va bien. Y hay relaciones de maltrato con relaciones sexuales a diario, que no están mejor por eso.

La señal no es la frecuencia, es el malestar. Si uno se siente presionado o la otra rechazada, ahí sí hay algo que mirar, aunque el calendario diga que lleváis poco tiempo. Y si a los dos os va bien así, no hay nada que arreglar por mucho que el vecino lo haga tres veces por semana.

Qué hacer, y en qué orden

Lo que no funciona es intentar volver directamente al sexo. Eso añade presión, y la presión es justo uno de los frenos. El deseo nunca va a aparecer a través de la exigencia ni de que alguien se sienta culpable.

El orden que funciona es el contrario: primero se repara la relación, y el deseo viene detrás.

Empezad por lo no sexual

Diez minutos abrazados en el sofá. Miraros a los ojos. Un beso cada vez que os veáis, no solo al salir y al llegar. Daros la mano por la calle, aunque vayáis con el carro.

Microconexiones diarias

Dos minutos bien dados sostienen más que un viaje de dos semanas. Una nota de voz, una notita, algo que le haga sentir que le ves. Lo que no se sostiene a diario no lo arregla un fin de semana.

Un ritual que se mantenga

Algo de la relación anterior que sobreviva a esta. El café juntos, por ejemplo: sagrado, aunque todo lo demás sea un caos y haya mil cosas por hacer.

Citas, aunque suene forzado

Si sabéis que de noche no va a poder ser porque alguien duerme con el peque, buscad el momento que sí. La espontaneidad es un lujo que ahora mismo no tenéis.

Y uno que no es de intimidad pero la sostiene: el check-in semanal. Quince o veinte minutos, un día fijo, para contaros cómo estáis llevando la semana, el reparto de las tareas y lo que no se ha dicho. Sirve para que las cosas no se acumulen hasta explotar, que es lo que más desgasta en esta etapa.

Si lo que cuesta es sacar el tema sin que se tense todo, eso tiene su propia técnica: cómo hablar de sexo con tu pareja.

Si lleváis demasiado tiempo esperando a que se arregle solo

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El caso que más se repite: el peque duerme en medio

«Desde que nació mi hijo, uno de los dos siempre duerme con él. El resultado es que mi pareja y yo apenas dormimos juntos. Me da miedo que esto se vaya desgastando por inercia, pero no sé cómo atajarlo porque el niño está acostumbrado y es lo más cómodo para todos.»

Lo primero: si a los dos os va bien, no hay ningún problema. A veces nos obsesionamos con que no estamos manteniendo suficiente intimidad, y eso es una expectativa social, no una necesidad real. Si no genera rechazo ni malestar a ninguno, no hay nada que arreglar.

Pero si uno de los dos quiere acercamiento, como en este caso, el primer paso es exactamente ese: decírselo a la pareja, tal cual, incluyendo el miedo al desgaste. No empezar por el colecho, empezar por cómo os estáis sintiendo cada uno.

Y si de momento la noche no va a poder ser, entonces se fomentan otras maneras. No es renunciar: es dejar de esperar a que llegue el momento perfecto que con niños pequeños no llega nunca.

Menos cantidad, más calidad

Es algo que dicen muchas parejas y tiene sentido. Cuando hay menos tiempo, lo que hay se cuida más.

Antes podía haber más frecuencia precisamente porque daba igual: había tiempo de sobra y no hacía falta cuidar el momento. Ahora que el espacio es escaso, cuando aparece se aprovecha de otra manera, porque no sabéis cuándo va a volver a pasar.

No es un consuelo. Es un cambio real en cómo funciona la intimidad en esta etapa, y conviene saberlo para no medirse contra lo que erais antes.

Preguntas frecuentes

¿Es normal no tener ganas de sexo después de tener un hijo?

Sí, y durante bastante más tiempo del que se cuenta. Entre el cansancio, el posparto, los cambios hormonales y el cuerpo convertido en instrumento, lo raro sería que el deseo siguiera igual. Lo que no es normal es asumir que va a ser así para siempre.

¿Cuánto tarda en volver el deseo después del parto?

No hay un plazo. La cuarentena marca cuándo es seguro a nivel físico, no cuándo apetece, y son dos cosas distintas que se confunden mucho. Lo que sí se puede decir es que vuelve antes cuando no se fuerza y cuando la pareja ha seguido conectada en lo no sexual.

Mi pareja me lo pide y yo no puedo. ¿Qué hago?

Decirlo, aunque dé miedo que suene a rechazo. Lo que convierte esto en un problema no es la diferencia de deseo, es el silencio alrededor: uno se siente rechazado, la otra presionada, y nadie lo nombra. Un «no me apetece el sexo, pero te necesito cerca» cambia la conversación entera.

¿Volveremos a ser como antes?

No, y esa es la buena noticia. No esperéis que todo vuelva a ser como antes, porque no va a serlo. El cambio es necesario. Una misma pareja tiene varias relaciones a lo largo de su vida, y lo que toca es construir esta, no recuperar la anterior.

¿Esto se arregla con terapia sexual o con terapia de pareja?

Casi siempre con terapia de pareja, porque el problema rara vez está en el sexo. Si al mirarlo aparece algo específicamente sexual, se trabaja ahí dentro sin tener que empezar de cero en otro sitio. Eso es lo que cambia cuando quien lo valora es también sexóloga.

Lo estáis haciendo bien

No busquéis ser perfectos: lo que cuenta es la intención y cómo se están haciendo las cosas. El cuerpo y la relación se van adaptando, y con paciencia y espacio para la incomodidad, poco a poco va saliendo. Y si no sale solo, para eso está la consulta.

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Fuentes

  • Barrett, G. et al. (2000). Women's sexual health after childbirth. BJOG, 107(2), 186-195.
  • Gutzeit, O., Levy, G. y Lowenstein, L. (2020). Postpartum Female Sexual Function: Risk Factors for Postpartum Sexual Dysfunction. Sexual Medicine, 8(1), 8-13.
  • Woolhouse, H. et al. Sex after childbirth. O&G Magazine, 14(4).

Escrito por Celia Betrián, psicóloga y sexóloga, colegiada A-03213. Terapeuta de pareja y fundadora de Psicología y Celia, plataforma de terapia psicológica online especializada en vínculos y sexualidad.
Última actualización: 23 de octubre de 2026.

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