El podcast de Celia · Caso 10

Relación a distancia: cómo saber si tiene futuro

Lo que rompe una relación a distancia casi nunca son los kilómetros. Y el momento de más riesgo no es la distancia: es el reencuentro.

«Hola, Celia. Llevamos un año a 500 km. Nos queremos mucho, pero las videollamadas ya no me bastan. Empiezo a sentir celos de su vida allí y me da miedo que nos estemos convirtiendo en desconocidos que solo se ven por una pantalla. ¿Cómo se sabe si mi relación a distancia tiene futuro?»

Caso ficticio, construido a partir de los motivos de consulta más frecuentes en terapia de pareja. No corresponde a ninguna persona concreta.

El problema no son los kilómetros

Las relaciones a distancia están bastante olvidadas en la divulgación. Casi todo lo que se escribe sobre pareja da por hecho la convivencia, y las herramientas y los ejercicios que se recomiendan están pensados para parejas que se ven a diario. A distancia, eso no sirve igual: hay áreas que necesitan mucho más refuerzo y hay cosas concretas que funcionan muy bien.

Y lo primero que conviene separar es esto: lo que da miedo no es la distancia física, que es evidente. Es la distancia emocional.

Hay parejas que conviven y tienen entre ellos una distancia emocional enorme, con una tensión que se siente por toda la casa. Y hay personas a 1.000 km con una conexión brutal.

Una relación a distancia necesita un poco más de cada pilar básico. La comunicación tiene que estar más reforzada porque es vuestro único punto de encuentro. La confianza, la honestidad y el compromiso son clave en cualquier relación, pero aquí hay que trabajarlos más, porque sin ellos no se construye la intimidad emocional, que es donde está de verdad la clave.

Es un reto mayor que convivir. Es estar aguantándote constantemente las ganas de compartir el día a día: de contarle algo mientras lo abrazas, de estar en un sitio y pensar «me encantaría que estuviera aquí». Y eso, 24 horas al día.

Lo que sí tienen de bueno

No todo es negativo. A mí las relaciones a distancia me parecen muy especiales si uno sabe vivirlas.

Cuando os encontráis, todo pasa a ser muy intenso. Vienes de tres semanas o un mes sin ver a tu pareja y de repente tenéis una semana juntos en la que podéis desconectar del mundo y centraros solo el uno en el otro. Es una intensidad difícil de conseguir cuando os veis siempre.

Y hace que aproveches cada momento, porque sabes que luego llega la despedida y toca otra vez esperar. Eso os mantiene más conectados con el presente. Si en tu relación no pasa esto, es algo que te recomiendo empezar a aplicar desde ya.

Pero cuidado con llenarlo todo

El error más común es convertir absolutamente todo en algo profundo: hacer planes, ir aquí, ir allá, aprovechar cada minuto. La intimidad no se construye llenando la agenda.

También hay que aprender a aburrirse juntos. Parece contradictorio con lo de disfrutar la intensidad, pero la intensidad necesita oxígeno: momentos de calma, de cotidianidad, de no hacer nada. Son las cosas inevitables de cualquier relación, y practicarlas evita que el día que viváis juntos el cambio sea de cien a cero.

El dato que le da la vuelta al miedo

Qué dice la investigación

Stafford y Merolla encontraron que las parejas a distancia puntúan más alto que las parejas cercanas en amor, positividad, acuerdo y calidad general de la comunicación. Es decir: a distancia se suele comunicar mejor, no peor.

Pero encontraron también lo contrario de lo que cabría esperar: las parejas que se reúnen geográficamente tras un periodo a distancia tienen el doble de probabilidad de romper que las que siguen separadas.

Y en un trabajo posterior, Stafford documentó que las parejas a distancia idealizan más a su pareja.

Stafford, L. y Merolla, A. J. (2007), Journal of Social and Personal Relationships · Stafford, L. (2010), Journal of Family Theory & Review.

Al juntarse aparece la persona real, con sus manías y su desorden, y se cae la versión editada.

Eso le da la vuelta al miedo de quien escribió la consulta. El riesgo no está donde se cree.

La pregunta no es tanto si aguantamos la distancia, sino cómo nos preparamos para el encuentro.

Por qué pasa: las fases del amor

Esto tiene una explicación y está documentada.

Primero hay atracción: física, sexual, emocional o intelectual, pero tiene que haber una mínima. De ahí nace el enamoramiento, el querer acercarse y saber más.

Y aquí está la diferencia: las relaciones a distancia se mantienen más tiempo enamoradas, porque funcionan con refuerzo intermitente. Nos vemos, todo es intenso, nos alejamos, volvemos a vernos. Oleadas. Una relación que se ve a diario se habitúa mucho antes, porque entra en rutina y en estabilidad.

Después del enamoramiento viene la decepción, que es la fase previa al amor. A distancia idealizas más porque no convives con las manías, con la rutina, con las costumbres distintas ni con las incompatibilidades de valores. La relación se pausa cada cierto tiempo y eso no te deja hacerte una idea clara de cómo sería el día a día.

Por eso en las relaciones cercanas la decepción llega antes, y en las de distancia llega más tarde pero de forma mucho más abrupta. Y, como dice el estudio, suele pasar justo después del reencuentro.

Las preguntas que sí importan

  • ¿Me estoy preparando para el encuentro desde la aceptación?
  • ¿Estoy viendo a mi pareja tal y como es, con sus costumbres y sus manías?
  • ¿Me voy a permitir verla como alguien que también tiene errores?

Estas preguntas valen para cualquier relación, pero a distancia pesan más, porque tardas mucho más en tener una idea completa de quién es la otra persona.

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Cuatro herramientas concretas

Todo lo anterior da por hecho que vuestro objetivo es acabar viviendo juntos o más cerca. Si en vuestro caso queréis vivir siempre así y no hay un proyecto común de acercamiento, perfecto: esto no os aplica.

1

Un plan de finalización

No se puede vivir siempre en el «algún día». Al principio es difícil poner fecha, claro, porque tenéis que conoceros. Pero si en vuestros planes está estar más cerca, con palabras o con hechos tiene que haber esa conversación incómoda de qué se va a hacer con la relación.

Uno de los pilares más importantes de cualquier relación es la predictibilidad: saber que esto avanza hacia algún sitio. Dejarla siempre en el aire, sin cerrar nada, complica mucho las cosas.

2

Antes de despediros, fecha para la siguiente

Nunca terminéis una quedada con un «ya hablaremos de cuándo nos volvemos a ver». Eso dificulta el siguiente encuentro, porque la vida prioriza otras cosas y la relación pasa a segundo plano.

Tener una fecha da seguridad y permite proyectar, planificar e ilusionarse. Sin ella, la ansiedad y la preocupación suben.

3

Espacios compartidos que no sean hablar

Las videollamadas en las que solo se habla acaban saturando. Lo que sostiene el vínculo es la mundanidad compartida: cocinar a la vez, dejar la llamada abierta en silencio, ver algo en paralelo.

La intimidad se construye más con lo aburrido que con las conversaciones profundas.

4

Notas compartidas en el móvil

Cuando tienes algo que contar y no quieres soltarlo por WhatsApp, apúntalo para hablarlo en persona. Hay noticias que merecen la reacción en directo.

En mi caso con mi pareja usamos notas compartidas: una de recetas, otra de sitios a los que queremos ir. Cuando nos vemos, miramos la lista y repartimos comidas y planes.

Es otro acto de compromiso: dejar por escrito el futuro que quieres con alguien. Y marcar cosas hechas es una forma de ver que os estáis acercando al objetivo.

Lo que no puede faltar

Mantener el amor y la conexión a distancia exige compromiso de los dos, honestidad y confianza. Confiar en que, pase lo que pase, estáis construyendo una vida juntos y tenéis un proyecto en común.

Va a haber momentos desesperantes, de dudas, de frustración y de echar de menos. Pero también es muy bonito mirar atrás después de mucho tiempo y ver todo lo que habéis conseguido con paciencia, siendo un equipo.

De nada sirve aguantar la distancia si no estáis remando juntos en la misma dirección.

Y sí, todo esto es general. Para cada relación a distancia no hay un único secreto: toca imaginación, creatividad y adaptarse a vuestra situación concreta.

Si lleváis tiempo dándole vueltas y no avanza

Cuando la conversación sobre el futuro se aplaza una y otra vez, es muy difícil desatascarla solos. Hay una sesión de valoración de 20 minutos por 20 €: me contáis qué os pasa y vemos si tiene sentido empezar un proceso. Basta con que llame uno de los dos.

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Celia Betrián, psicóloga y sexóloga, colegiada A-03213. Terapeuta de pareja y fundadora de Psicología y Celia, plataforma de terapia psicológica online especializada en vínculos y sexualidad.
En El podcast de Celia cuento los casos más frecuentes que llegan a terapia de pareja. Está en todas las plataformas y en YouTube.

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