El podcast de Celia · Caso 7

Mi pareja no quiere tener sexo conmigo

Lo has intentado todo y cada «ahora no» te deja un poco peor. Antes de mirar el deseo, hay que mirar lo que el rechazo constante te está haciendo a ti.

«Hola, Celia. Llevamos meses sin intimidad. Él siempre está cansado o tiene sueño. He llegado a pensar que ya no le atraigo, que ha dejado de quererme. He intentado de todo, lencería, proponerlo yo, pero el rechazo constante me está destruyendo la autoestima.»

Caso ficticio, construido a partir de los motivos de consulta más frecuentes en terapia de pareja. No corresponde a ninguna persona concreta.

Cuando tu pareja no quiere, las conclusiones a las que solemos llegar son dos: ya no me quiere o ya no le atraigo.

La falta de deseo y la discrepancia sexual son de lo más común que vemos en terapia de pareja, y en la gran mayoría de casos tienen solución. Pero antes de hablar del deseo hay que hablar de otra cosa de la que casi nadie habla: lo que le hace a una persona ser rechazada una y otra vez.

Lo que el rechazo constante te hace

La persona que más quieres es la persona que más deseas. Y cada «no» funciona como un mensaje, aunque no sea el que tu pareja pretende mandar.

Hay algo de ti que no me gusta. No me apetece compartir contigo este momento tan íntimo que antes vivíamos de una manera tan bonita. No me apetece tocar tu cuerpo. No quiero darte placer.

Seguramente el motivo real por el que tu pareja no tiene deseo tiene poco que ver contigo. Pero con ese «no», en el momento, te está rechazando a ti en pack.

Por eso es completamente normal que sientas lo que sientes. Que llegues a creer que hay algo mal en ti. Y conviene decirlo claro: ese «no» casi siempre dice muy poco de ti y mucho de la otra persona, de su contexto o del estado del vínculo.

El daño no lo hace el «no» en sí. Lo hace el «no» repetido, sin explicación y sin propuesta de solución. Eso es lo que acaba calando en el concepto que tienes de ti.

El sexo es el síntoma, no la enfermedad

Ver la falta de deseo como un problema exclusivamente sexual es reducirlo muchísimo. El deseo no es un grifo que se abre y se cierra: es más bien un fuego, y necesita oxígeno y combustible. Espacio y conexión.

Por eso lo primero que se mira no es el sexo, es el vínculo: cómo están sus dinámicas, qué significa el sexo para cada uno, cómo han sido los encuentros hasta ahora, si cada uno se siente comprendido, escuchado y querido.

Porque la intimidad no es solo sexual: se construye también en lo emocional y en lo físico. Si lleváis meses sin conectar físicamente, es muy difícil que aparezca luego a nivel sexual. (Sobre por qué se apaga, hay más en por qué no tengo ganas ni deseo sexual con mi pareja.)

Hay varios escenarios, y no dan igual

Uno que aparece mucho en consulta y que cuesta mirar: a veces el bajo deseo es la consecuencia de algo que pasó en el vínculo.

Si antes hubo una traición, una mentira, información ocultada, o si hace tiempo que no hay conversación ni conexión emocional, es esperable que el deseo baje. Y a menudo esa persona lo dijo al principio, no cambió nada, y con el tiempo dejó de pedirlo y pasó directamente a rechazar.

No es lo mismo que un bajo deseo por estrés, por medicación o por un momento vital. Por eso la pregunta útil no es «¿por qué no quiere?» sino ¿con cuál de estos escenarios me identifico?

Test gratuito

¿Es solo el sexo, o es el vínculo entero?

Es la pregunta difícil de responder desde dentro. Este test de relación de pareja mira comunicación, deseo, soledad y conflicto, y te devuelve a qué temperatura está la relación.

Hacer el test

Dos ejercicios que mando en consulta

1

La línea del deseo sexual

Papel, boli y una línea. Desde el principio de la relación hasta hoy, cada uno anota por separado los acontecimientos positivos y negativos de vuestra vida sexual. «Al principio había mucha conexión, pero hubo un momento en que dejamos de tener relaciones.» ¿Qué pasó ahí?

Las líneas de vida son muy potentes porque señalan el declive. Muchas veces no lo recordamos ni lo registramos, pero al hacer el ejercicio van saliendo cosas.

Vais a tener visiones muy distintas de lo que pasó, y eso está bien: sois dos personas diferentes. El trabajo está en entender cómo lo vivió cada uno y qué necesita cada uno para estar satisfecho.

2

Frenos y aceleradores

Es un modelo que divulga Emily Nagoski: el deseo tiene acelerador y freno, y en la mayoría de los casos el problema no es un acelerador roto, sino muchos frenos pisados.

Cada uno escribe, por separado, tres cosas que le pisan el freno y tres que le pisan el acelerador.

Y casi siempre se descubre lo mismo: lleváis años pisando el acelerador sin haber tocado el freno.

Frenos habituales

  • Cansancio
  • Resentimiento acumulado
  • Mala imagen corporal
  • Sensación de ser evaluada
  • Estrés
  • Falta de erotismo fuera de la cama

Aceleradores típicos

  • Citas románticas
  • Arreglarse
  • Lencería
  • Juegos eróticos

Todo lo de la derecha está muy bien. Pero con todos esos frenos sobre la mesa, hacen poco: como mucho ponen un parche, y el problema de fondo sigue ahí.

Esperar las ganas antes de empezar

Deseo espontáneo y deseo responsivo

Rosemary Basson describió que hay dos formas de deseo. El espontáneo aparece solo, de la nada. El responsivo aparece durante, a partir de la excitación, cuando ya ha habido un rato de conexión.

El responsivo es muy frecuente, sobre todo en parejas de muchos años. No significa que no haya deseo: significa que llega en otro orden.

Hemos caído en el error de creer que las ganas siempre van a ser espontáneas, que de repente vas a estar con ganas y aparecerá el momento. Y eso muchas veces ya no funciona así.

Esperar el deseo espontáneo para empezar es esperar algo que quizá no va a venir de esa forma. Lo que se busca es dejar de usar el «ahora no tengo ganas» como veredicto final. Quizá ahora no las tienes porque hay que limpiar la casa; quizá si lo hacéis los dos y luego os quedáis un rato en el sofá, aparecen.

Pero nunca te fuerces. Nunca mantengas relaciones si en ese momento no te apetece. Lo que recomiendo es fomentar la intimidad sin que tenga que terminar en sexo. Si llega, llegará. Buscar intimidad con un fin sexual es desconectarse del propio cuerpo, y obligarse no repara nada: lo único que consigue es que acabes rechazando hasta la idea del contacto físico.

Si quien rechaza eres tú

Esta parte es la que menos se dice y la que más falta hace.

Es válido no tener deseo. Es válido no sentirte culpable por no tenerlo. Pasa, y es legítimo.

Pero si estás rechazando constantemente a tu pareja sin darle una explicación, sin abrirte, sin empatizar con cómo se siente, eso deja huella. En su autoestima y en el concepto que tiene de sí misma. Trátalo con cuidado.

Se pueden sostener las dos cosas a la vez: no tengo deseo sexual, y me encantas, te amo, quiero trabajar en esto.

Así es como se redefine una vida sexual. Si en cambio hay rechazo, rechazo, rechazo y no querer hablar del tema, lo que ocurre es que el problema sexual salta al vínculo, del vínculo salta a la autoestima de tu pareja, y ahí se rompen cosas que luego cuesta muchísimo reparar.

Qué hace falta para que esto se arregle

Compromiso de los dos. Si quien tiene bajo deseo eres tú, hace falta que quieras trabajarlo. Si es tu pareja, hace falta que se comprometa, que sea transparente y que quiera reparar lo que esté mal en el vínculo.

Y muchas veces hace falta también trabajo individual de la persona con bajo deseo, porque puede haber estrés, medicación, depresión, ansiedad u otra cuestión física por medio. Esto es multifactorial casi siempre.

Si lo que más cuesta es sacar el tema sin que se tense todo, hay una guía concreta en cómo hablar de sexo con tu pareja. Y si lo que buscáis es el proceso completo para recuperarlo, está en cómo recuperar el deseo sexual en pareja.

Si lleváis meses así y no sabéis por dónde empezar

Cuando uno se siente rechazado y el otro presionado, la conversación sola no suele desatascarse. En terapia de pareja se mira qué está frenando el deseo y cómo abordarlo sin culpa. Hay una sesión de valoración de 20 minutos por 20 €, y basta con que llame uno de los dos.

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Celia Betrián, psicóloga y sexóloga, colegiada A-03213. Terapeuta de pareja y fundadora de Psicología y Celia, plataforma de terapia psicológica online especializada en vínculos y sexualidad.
En El podcast de Celia cuento los casos más frecuentes que llegan a terapia de pareja. Está en todas las plataformas y en YouTube.

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